20 diciembre 2006

Gibson y su "Apocalypto"


Tenía algún que otro temor hacia esta película. El primero, su director y productor, Mel Gibson: un tipo tildado de machista, homofóbo y antisemita (una noche de parranda insultó a los judios, y depués dijo que todo era un error). Y, además, culpable de una película tan sangrienta, violenta y dolorosa (visual y visceralmente) como LA PASIÓN. Hace unos días comprobé (gracias a un envío de agencia) como los guatemaltecos estaban de uñas contra el director porque el tratamiento que hacía en la película de la civilización maya era vejatorio, sangriento y por tanto parcial. En ese momento pensé que eran los típicos argumentos de historiadores lumbreras y que sus razonamientos estaban mediatizados por el hecho de ser lugareños (en este caso de Guatemala).
Bien. Pues después de haber visto APOCALYPTO, uno llega a la conclusión que ha pasado 120 minutos sufriendo por las mutilaciones, los hachazos, los cortes, los golpes en la cara, en las costillas, en todas partes, de la mayoría de los personajes que pasan por la pantalla (todos, menos 3). Y que de esos 120 minutos, tan sólo 15 se corresponden con algo que no sea sufrimiento, dolor, salpicaduras y esparcimiento de vísceras. Y tienen razón: la imagen que ofrece de la civilización maya (que de civilización, en la película, no tiene ni las raspas) es la de un grupo de desequilibrados mentales que confunden la falta de agua y las plagas de las cosechas, con un sacrificio continuo de sangre, corazones arrancados y cabezas cortadas, que (al menos a mí) me recordaba a la visión que ya nos ofrecía Spielberg en INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO. Tal vez si Gibson hubiese avanzado y nos hubiese ofrecido algo más (eso que se llaman matices, zonas grises, no sólo malos, malos y requetemalos, frente a buenos, buenos y requetebuenos) sobre esa cultura, sobre su forma de vida, otro gallo cantaría. Demuestra así que lo única que le interesa, como en su anterior película, es el dolor y la sangre.
Añadir también, que en ese empeño por construir un realismo extremo, al obligar a los actores a dialogar en una jerga entre maya e india, resulta vano. Entre otras cosas porque Gibson debería saber que en la actuación, la fonética cuenta tanto como la actitud de los actores. Y en eso, nada influye esa jerga, un acento inglés, francés o chiricahua.
Por todo esto no acierto a comprender qué extraño mecanismo rige la mente de críticos como el de Fotogramas (Fausto Fernández) para ensalzar de semejante forma la película de Gibson: "Mel Gibson alcanza en su última realización tras las cámaras unas cotas de fiera maestría radical tan mastondónicas...(...) Ebrio de inventiva...(...) Arrebatadora orgía de los sentidos que se permite el lujo de casi prescindir de los diálogos..."
Lo mejor, como siempre, comprobarlo por uno mismo, viendo la película.

2 comentarios:

German dijo...

Tan sólo quiero aprovechar el tema para recomendar la muy interesante lectura de la trilogía de Eduardo Galeano "Memoria del Fuego".
Así lo mismo descubriamos un poquito más de pueblos tan interesantes como el Maya y todo el bien que hicimos por "preservar" su cultura, para que paletos que van de estrella como Mel Gibson, puedan hacer peliculas tan "interesantes".

Un saludo Andres.

Andrés dijo...

Tomo nota de la recomendación. Y de paso aprovecho para felicitar a aquellos que han podido disfrutar de APOCALYPTO, a pesar de toda la parte sangrienta en la que sitúa a su imperio maya. Vosotros si que tenéis estómago y aguante.