28 diciembre 2006

LO ES


Quiero decir, que es Navidad. Lo que no es (lo que aparece en la foto) es nieve. En realidad se trata del efecto que produce una semana de heladas en una zona en la que apenas llegan los rayos del sol (es decir, rocio, helada, rocio, helada, y así hasta que la temperatura lo descongele). Y ocurre en muchos sitios de la península. Pero esta foto en concreto está tomada en el pueblo de mi padre, en el Bierzo. En unos días, más cosas. Y por cierto: ¡¡¡¡¡¡ no me gusta la Navidad!!!!!!!

20 diciembre 2006

Gibson y su "Apocalypto"


Tenía algún que otro temor hacia esta película. El primero, su director y productor, Mel Gibson: un tipo tildado de machista, homofóbo y antisemita (una noche de parranda insultó a los judios, y depués dijo que todo era un error). Y, además, culpable de una película tan sangrienta, violenta y dolorosa (visual y visceralmente) como LA PASIÓN. Hace unos días comprobé (gracias a un envío de agencia) como los guatemaltecos estaban de uñas contra el director porque el tratamiento que hacía en la película de la civilización maya era vejatorio, sangriento y por tanto parcial. En ese momento pensé que eran los típicos argumentos de historiadores lumbreras y que sus razonamientos estaban mediatizados por el hecho de ser lugareños (en este caso de Guatemala).
Bien. Pues después de haber visto APOCALYPTO, uno llega a la conclusión que ha pasado 120 minutos sufriendo por las mutilaciones, los hachazos, los cortes, los golpes en la cara, en las costillas, en todas partes, de la mayoría de los personajes que pasan por la pantalla (todos, menos 3). Y que de esos 120 minutos, tan sólo 15 se corresponden con algo que no sea sufrimiento, dolor, salpicaduras y esparcimiento de vísceras. Y tienen razón: la imagen que ofrece de la civilización maya (que de civilización, en la película, no tiene ni las raspas) es la de un grupo de desequilibrados mentales que confunden la falta de agua y las plagas de las cosechas, con un sacrificio continuo de sangre, corazones arrancados y cabezas cortadas, que (al menos a mí) me recordaba a la visión que ya nos ofrecía Spielberg en INDIANA JONES Y EL TEMPLO MALDITO. Tal vez si Gibson hubiese avanzado y nos hubiese ofrecido algo más (eso que se llaman matices, zonas grises, no sólo malos, malos y requetemalos, frente a buenos, buenos y requetebuenos) sobre esa cultura, sobre su forma de vida, otro gallo cantaría. Demuestra así que lo única que le interesa, como en su anterior película, es el dolor y la sangre.
Añadir también, que en ese empeño por construir un realismo extremo, al obligar a los actores a dialogar en una jerga entre maya e india, resulta vano. Entre otras cosas porque Gibson debería saber que en la actuación, la fonética cuenta tanto como la actitud de los actores. Y en eso, nada influye esa jerga, un acento inglés, francés o chiricahua.
Por todo esto no acierto a comprender qué extraño mecanismo rige la mente de críticos como el de Fotogramas (Fausto Fernández) para ensalzar de semejante forma la película de Gibson: "Mel Gibson alcanza en su última realización tras las cámaras unas cotas de fiera maestría radical tan mastondónicas...(...) Ebrio de inventiva...(...) Arrebatadora orgía de los sentidos que se permite el lujo de casi prescindir de los diálogos..."
Lo mejor, como siempre, comprobarlo por uno mismo, viendo la película.

13 diciembre 2006

DANIEL GUZMAN Y EL NENG, JUNTOS Y REVUELTOS

Hace unos días me tocó entrevistar a Daniel Guzmán (AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA) en el circuito del Jarama (no me preguntéis por qué. Fue algo surrealista que contaré en su momento). La entrevista todavía no está disponible. Así que, para no desmerecer a mi aguda esquizofrenia, ahí va otra entrevista, con el Dani, Buenafuente y el Neng.

08 diciembre 2006

TELEVISION CON SABOR A HIEL



Llevo varios días intentando poner orden en mi vida. Es decir, tirar toda esa mierda de papeles que los periodistas (y otros que no lo son) con 'síndrome de Diógenes' acumulamos por culpa de la estúpida frase 'lo guardo, lo leo y después lo archivo' (el conocido también como 'nunca se sabe'). Y evidentemente, ni lo les, ni lo archivas. Simplemente lo acumulas. Lo dicho. Entre toda esa morralla he descubierto joyas que os iré desvelando poco a poco.
Ahí va la primera. Se trata de una página de una revista (de la que no puedo recordar el nombre) en la que colocaban frases que habían dicho famosos, y que unos meses después quedaban desmentidas. Entre ellas recorté estas dos de Ana Rosa Quintana (ya sabéis, la presentadora que firmó un libro titulado SABOR A HIEL:
“Me encanta jugar con el ordenador y navegar por Internet. Me encantan los avances tecnológicos”.


Días después, para explicar no sé qué patrañas sobre si su libro había plagiado o no de otros libros (Danielle Steel, Ángeles Mastretta y Collen McCullough, la autora de EL PÁJARO ESPINO) dijo esto:
“No sé nada de ordenadores. Ni siquiera sé grabar un disquete”.

Por todo esto, y por mucho más, es por lo que siempre he pensado que debemos huir de la televisión, como de la peste (lo justo para recibir el salario). Eso si no queréis quedaros como mi amigo, el Gallo Claudio, a quien encontré a altas horas de la madrugada al lado de la Ribera de Curtidores (zona Rastro). Según me comentó, se había dado a la bebida después de trabajar (si señor) de guionista en DOLCE VITA (Tele 5). Así son las cosas. Y así no me gustaría contarlas.

07 diciembre 2006

LOS ASUNTOS SUCIOS DE SCORSESE

(ATENCIÓN: ABSTENERSE DE LEER QUIENES NO HAYAN VISTO INFILTRADOS)
Sé que lo que voy a decir va a disgustar a más de uno. Me consta, porque entre ellos se encuentran amigos a los que les gustó y disfrutaron viendo INFILTRADOS (THE DEPARTED). A mi también me duele, porque su director, Martin Scorsese, es uno de mis favoritos. Sin embargo no puedo evitarlo. La película es un remake de la hong-konesa JUEGO SUCIO (INFERNAL AFFAIRS), escrita y dirigida por Wai Keung Lau, Siu Fai Mak y Felix Chong. Pero, mejor, voy a dejar que sean las palabras de Ángel Fernández-Santos (crítico de cine ya fallecido) las que lo expresen:

“Hay insolencia, y a veces también necedad, detrás de la práctica parásita, ya veces también plagiaria del remake o refilmación –intrusa entrada a saco en películas ajenas para hacerlas propias, lo que de paso apesta a robo legal-, aberración a que conduce con asqueante frecuencia el desierto imaginativo de Hollywood. (…) Todo ocurre en VANILLA SKY tan al pie de la letra de ABRE LOS OJOS que no se entiende qué alquimia de la caradura ha usado Camero Crowe, como pócima moral que le permite sin rubor proclamarse autor de un guión que en todo lo esencial escribieron otros” (Ángel Fernández-Santos, EL PAÍS 1 de febrero de 2002).

Sin rubor, debo decir que si donde dice VANILLA SKY y ABRE LOS OJOS digo INFILTRADOS y ASUNTOS SUCIOS, respectivamente, y donde dije Cameron Crowe digo Martin Scorsese (insisto, con pena), el resultado es definitivamente el mismo.

No hay aportaciones que mejoren el original. Ni el cambio en el personaje de la psicóloga (en el original sólo se relaciona con el infiltrado en la mafia), que merced a una virguería de guión termina acostándose, increíblemente, con los dos 'topos' (DiCaprio y Damon). Ni el encabronamiento constante del personaje de Mark Whalberg (inexistente en el original y que Scorsese y su guionista se sacan de la manga, simplemente para el encaje de bolillos final). Ni la presencia de un ampuloso (siempre increíble, en un vehículo acorde a sus lucimientos) Jack Nicholson. Ni ese maniqueo final edulcorado moralmente, en el que se nos intenta explicar que el mal nunca vence, y que en su original termina como debe terminar, con la muerte del héroe y el triunfo del amoral reconvertido. Y encima, como ocurría en VANILLA SKY, han tenido el descaro (como puede comprobarse en los créditos del trailer y del cartel) de atribuirse el guión. En conclusión: si dejamos a un lado la música de JUEGO SUCIO, el buen trabajo de Di Caprio y del resto del reparto en INFILTRADOS, la hongkonesa gana por goleada: está mejor realizada, sus localizaciones son mejores, las secuencias de acción están infinitamente mejor resueltas (a veces a ritmo de vídeo clip, pero juego a su favor), es más intensa y encima dura tan sólo 95 minutos, frente a unos extensísimos 152 de la versión Hollywood.


Seguro (así lo espero) que volveremos a disfrutar de un cineasta que nos regaló momentos increíbles en MALAS CALLES, que nos estremeció con los viajes nocturnos del Travis de TAXI DRIVER, que volvió por esos cauces en AL LÍMITE (a pesar de Nicholas “Kulechov” Cage), que refilmó con precisión (esta vez sí) EL CABO DEL MIEDO o que reubicó a Robert De Niro y a Joe Pesci gracias a tres obras maestras como TORO SALVAJE, UNO DE LOS NUESTROS y CASINO. Ese es mí Scorsese y al que echo de menos ahora.
Por cierto, JUEGO SUCIO se puede ver estos días en Canal + (Gracias por descubrírmela, ‘Deivid, el de Londres’).