21 septiembre 2006

URUGUAYOS Y TIBURONES


El domingo 17 de septiembre, el suplemento de El País publicaba sendas entrevistas con dos figuras del mundo literario y artístico uruguayo ¿Casualidad? Seguro que no.
El primero Mario Benedetti, poeta, prosista, novelista y ensayista, exiliado y después desexiliado, que ha vivido muchos de sus mejores momentos en España, pero que no sería lo que es sin su acerbo montevideano. El segundo, Jorge Drexler, médico, compositor, autor, intérprete, a la sazón, un poeta al que Sabina se trajo cual mecenas y que ha cosechado sus mejores frutos en este exilio musical. Dos exiliados. ¿Casualidad? Puede. Son, como decía Paul Thomas Anderson en “Magnolia”, cosas que pasan. Sobre estas "cosas que pasan", el propio Drexler relata en la entrevista que “Al otro lado del río”, la canción con la que alcanzó la gloria del Oscar, nació fruto de la ley del mínimo esfuerzo: “Fue la producción más simple de mi carrera, y ya ves, me acompañará toda mi vida”.

A esa diosa, la casualidad, le debe también el cine alguno de sus mejores momentos. Lo cuenta Richard Dreyffus (y muchos otros) en un escueto e interesante documental de Bill Couturié que estos días emite Canal + con el título de “Nadie sabe nada” (frase acuñada hace más de 30 años por el guionista William Goldman que todavía permanece como uno de los más grandes principios del cine, y de la televisión). Durante el rodaje de “Tiburón”, detalla Dreyffus, Steven Spielberg vivió uno de los peores momentos de su carrera. Llevaban varios días de retraso sobre el plan de rodaje y “el tiburón mecánico seguía sin funcionar. Alarmados, los productores, le propusieron al director comenzar sin “el bicho”. Así, sin criatura, con varios planos nocturnos contrapicados de una chica bañándose, hundiéndose y, por supuesto, con la música de John Williams, el resultado fue, y es, una de la secuencias más inquietantes que ha parido el cine de terror.
En el mismo documental nadie (Danny de Vito, Sydney Pollack, Richard Zanuck o George Clooney, entre otros) es capaz de explicar si esos momentos mágicos del cine son fruto del trabajo y las intenciones de un artista o, más bien, pura casualidad. Quizá, como cuenta en el libro “El guión cinematográfico, un viaje azaroso” mi amigo Miguel Machalski, todo esto tiene que ver con un cúmulo de circunstancias, algunas azarosas, otras intencionadas. Y sería impensable que una frase como “Alégrame el día” resultase creíble en boca de, por ejemplo, de Pepe Sacristán.

(En la foto, la mencionada secuencia de "Tiburón", una prueba evidente de que para causar inquietud y miedo es mucho más efectivo lo no mostrado que lo evidente. Lástima que Hollywood no haya aplicado esta lección en otras producciones de terror).

06 septiembre 2006

El "Cousteau" de los Osos Grizzly

Grizzly man es el título de la última película del director alemán Werner Herzog. En ella, Herzog retrata el carácter y los últimos días de Timothy Treadwell, un singular, romántico y, sobre todo, esperpéntico ecologista, cuya fantasía era convertirse en el Cousteau de los osos grizzly. La realidad, la de la una naturaleza implacable, acabó con el sueño ingenuo y tonto de esta especie de Pocholo, cuyo final trágico (él y su novia murieron a manos de un viejo oso grizzly en octubre de 2003) describe Herzog sin ningún atisbo de morbo. Treadwell, cuentan sus amigos y familiares, intentó convertirse en actor famoso, y de hecho a punto estuvo de conseguirlo si hacemos caso a su padre, quien asegura en la película que Timothy quedó en segundo lugar para conseguir el papel que finalmente se llevaría Woody Harrelson en la serie "Cheers". Éste y muchos otros fracasos (su vida sentimental, por ejemplo, que Herzog elude por falta de material y testimonios) le acercaron tanto al alcohol y a las drogas como a la muerte.
Durante una excursión a Canadá, Treadwell encontró una fuente para librarse de sus fantasmas y al mismo tiempo alcanzar la fama. En otras palabras: una razón para vivir. La defensa de los osos grizzly de la Reserva Natural de Katmai, en Alaska, se convirtió desde 1989 en su obsesión. Creo una organización, Grizzly People, dio clases gratuitas en Institutos para concienciar a los jóvenes americanos, visitó los programas de televisión y recorrió el país entero intentando explicar su causa. Pero eso que él llamaba enajenadamente “la amistad” de “sus” osos, no es para Herzog más que la indiferencia total y absoluta de un animal que únicamente busca satisfacer sus instintos primarios: comer y reproducirse. La perdición de este hombre (que diría Paz Aliciagarcíadiego) fue su incapacidaz para comprenderlo. Eso y la confianza de vivir entre ellos durante más de 10 veranos sin haber sufrido ni una sóla agresión. Para Herzog, fue más suerte que pericia de ecologista.

No podemos obviar que a lo largo de su carrera, Herzog se ha interesado siempre por personajes que, alejados de la sociedad y sus reglas, se arriesgan, bordeando muchas veces la locura y la muerte, con tal de sublimar sus aspiraciones personales. En este sentido, el Treadwell del documental, ese tipo que insiste de forma enfermiza que moriría por los osos (un peligroso deseo), nos recuerda a los protagonistas de Fitzcarraldo (1982) o de Aguirre, la cólera de Dios (1972). La voz de Herzog, en este y otros documentales, es fundamental para entender al individuo. Él autor le comprende, le quiere y así nos lo transmite. Pero deja muy claro cuál es su punto de vista en la historia. Por eso y por otras muchas razones (una exquisita banda sonora compuesta e interpretada por el guitarrista Richard Thompson) quizá nadie debería perderse uno de los mejores documentales del año, ganador del Primer Premio (en su categoría) en el Festival de Sundance 2005.

PD: Se me olvidaba añadir, primero que éste no es el último trabajo de Herzog, pero sí es, cronológicamente, el último estrenado entre nosotros. Recientemente, y gracias a la excelente acogida de Grizzly Man, se ha estrenado The White Diamond, película anterior, en la que Herzog vuelve a ese personaje extremo y aventurero. Y lo segundo es que cualquier cosa que queráis de Herzog está en esta página: http://www.wernerherzog.com/main/index.htm