DEATH PROOF, SHIT PROOF

He sido un admirador -desde hoy ya no- del cine de Tarantino. Una vez, incluso me enfrenté a un chaval llamado Alejandro Amenábar en una especie de debate (al que me invitó una buena amiga) en el Máster de RNE. Y allí defendí la libertad de utilizar la violencia en el cine como un arma cargada de emoción. Pero este año, 2007, el mismo en el que ha caído un mito de los grandes, Scorsese (que ya estaba, para mí, en la cuerda floja tras su infructuosa GANGS OF N.Y.), ha vuelto a caer otro. Y, finalmente, he decidido que ya no hay mitos, sólo buenas o malas películas. O películas que me apasionan y películas que no soporto. Digo todo esto al hilo de DEATH PROOF, la última "tarantinada". Que no es más que una broma absurda. Una historia sin historia. Un discurrir de secuencias sin apenas interés -impecablemente rodadas, eso sí- pero totalmente incomprensibles. Y cuando digo incomprensibles no estoy hablando de incomprensibles al estilo Lynch, si no más bien al estilo de "es...